- Una educación que nos hace predecibles
- Lo más real ahora, es el cambio
- Prepararse para elegir nuestro futuro
Aguascalientes, MÉXICO, a 13 de octubre del 2009
Vagando por el ciberespacio hice una escala en la estación Orquestando México, ahí recorriendo uno de los pasillos me encontré con una provocación. Bonilla había colocado en la estantería un artículo importado de España, listo para ser consumido: ¿Estamos preparados para el futuro? He aquí cómo me hizo digestión el tema.
Desde luego que estamos preparados para el futuro. Sí es que por el futuro entendemos únicamente una serie de frases hechas como está "adelante"; si está en "más de lo mismo"; si consiste en "más y mejor"; si se resuelve "dando la batalla", "haciendo la lucha", "combatiendo la pobreza, corrupción, delincuencia organizada” y tantos "enemigos" más. Sí es así, claro que estamos preparados para el futuro.
Pero yo no creo que el futuro esté únicamente adelante, que sea continuación de lo que ya conocemos y vivimos, que sólo sea cuestión de cantidad y calidad (que aún así todo indica que hace tiempo va a la baja y no se ve un cambio de tendencia). Tampoco creo que sea una eterna guerra y lucha sin cuartel a la que diario se agregan nuevos gladiadores (competidores).
¿Estamos preparados para elegir nuestro futuro?
Por eso yo reformulo la pregunta: ¿Estamos preparados para elegir nuestro futuro? La elección implica la capacidad de imaginarlo, comunicarlo y construirlo. Así es que, en el contexto del artículo en cuestión, la pregunta sería si la educación que recibimos los adultos y la que estamos recibiendo junto con los jóvenes y los niños ¿nos habilita para imaginar, comunicar y comprometer la acción y los recursos con nuestro futuro?
Esbozo una respuesta: No. La formación intelectual y científica que recibimos y que se continua ofreciendo se basa en una lógica obsoleta: el principio de identidad y del tercero excluido, por ejemplo (algo tiene que ser una cosa y no otra). Todo verbo (devenir, proceso y acción) se puede detener, convertir en sustantivo: por ejemplo: organizar en organización (empresa y no el proceso de organizar) e instituir en institución (ley fundamental, inamovible y no proceso de instituir, dar lugar a nuevas acciones). Esto nos lleva a una visión estática de la realidad, cuando algo que caracteriza a la realidad es su dinamismo. Los nuevos adelantos en diferentes disciplinas nos indican que cualquier "cosa" puede ser "A" o "B" (o C, D, E...) ¡al mismo tiempo! según el contexto y los valores previamente asignados. La educación se olvidó de formarnos en las competencias necesarias para dominar el sentido polisémico del "ser humano". Por esto es que creo que no estamos capacitados ni siquiera para imaginar "un futuro" ¿Podemos imaginar el conjunto de futuros posibles?
Dejar margen a la innovación
Por otra parte, la ciencia que se nos enseñó estaba enfocada a describir, predecir y controlar la realidad (procesos, fenómenos, objetos). Pero hoy la única certeza está en la incertidumbre (mientras más conocemos nos damos cuenta de lo poco que sabemos), así es que ¿Quién estaría dispuesto a comunicar y comprometer a otros sobre un futuro incierto? ¿O acaso la universidad nos formó para "vender ideales"? ¿No asistimos desde el fin del siglo pasado a la muerte de todas las ideologías?
La enseñanza básica y superior nos ha inculcado la actividad pragmática y la acción orientada a fines. No hacemos nada que no sea “práctico” y todo lo medimos en función de resultados previamente establecidos (“objetivos” que se vuelven obsoletos tan pronto iniciamos acciones para alcanzarlos). ¿Qué margen deja esto al azar, la casualidad y, sobre todo ¡a la innovación! La incertidumbre y el azar son las principales fuentes del cambio radical y de las mejoras cuánticas.
Nos formaron para algo que ya es anacrónico
Dice Tom Peters: "Si tienes todo bajo control, es que ¡vas demasiado lento!"
En pocas palabras, nos formaron para lo estático, la seguridad, el control y el poder basado en el tener; principios, todos estos, anacrónicos para los retos a los que nos enfrentamos.
En pocas palabras, nos formaron para lo estático, la seguridad, el control y el poder basado en el tener; principios, todos estos, anacrónicos para los retos a los que nos enfrentamos.
Propuesta: preguntarnos, como se lee en la Red Pensar de Nuevo: ¿Nos encontramos ante una época de cambios o un cambio de época? Si elegimos la primera opción, solo es cuestión de tiempo, esfuerzo y recursos; si respondemos con la segunda alternativa, habrá que abrirnos a nuevos conocimientos, a nuevos conceptos, a nuevas relaciones, a nuevas formas, a nuevos procesos, a nuevos compromisos, a nuevas formas de fluir y de ser. En suma: aprender a abrirnos. Entonces sí, estaremos preparados para el futuro.
Para ello, nuestros docentes deben identificar los cambios en la educación. El artículo que consumí y que me provocó tal indigestión muestra una tabla, que incluyo más abajo, y que sintetiza la evolución de la educación e indica hacia dónde podemos ir en el campo de la educación, si es que queremos estar en condiciones de elegir nuestro futuro.
