jueves, 17 de septiembre de 2009

¿Emprendedores?... sí, pero ¿de qué tipo?


  • ¿Y si las universidades públicas generaran sus ingresos?
  • Cultivar el talento humano, lo realmente importante
  • El riesgo de seguir formando “generaciones Ni- Ni”
Aguascalientes, MÉXICO, a 17 de septiembre del 2009

No resistí la tentación. Era una provocación directa. No podía permanecer indiferente. La insinuación fue directa. Era una pregunta con efecto. No hay mejor convocatoria que una pregunta por contestar.Así que decidí responder.

Roberto Bonilla, quien próximamente estará en Aguascalientes, publicaba en su red social Orquestando México:
Ayúdanos a generar ideas para que las Universidades públicas puedan ser auto-sustentables, que puedan generar ingresos dando servicios de valor a las empresas, sociedad y gobierno y puedan compensar sus bajas presupuestales.
Es tiempo que lo que enseñan los maestros universitarios se ponga en práctica dentro de la MISMA Universidad Pública. ¿Eres maestro universitario de administración, planeación, estrategia, emprendedurismo? ¿Cómo aplicas esos y otros conceptos en la generación de ingresos para tu UNIVERSIDAD?
He aquí mi respuesta:
Lo hago cultivando el talento humano, no el capital humano, ni formando recursos humanos. Las personas poseemos algo más valioso que las competencias, habilidades, capacidades, conocimientos e inteligencia.
Es el talento lo que nos puede llevar a diferenciarnos de los demás y a crear junto con los otros. Cultivar el talento humano implica trabajar simultáneamente en el desarrollo de la capacidad de síntesis, en la visión holística y en la inteligencia emocional. ¿Qué cómo se logra eso?   ¡-C-o-n  e-l   e-j-e-m-p-l-o!

¿Qué es lo que verdaderamente necesita México?

¿Necesitamos generar ingresos o solidaridad? ¿Necesitamos competir por el capital o por el conocimiento? ¿Necesitamos que vengan a invertir o que aprendamos a cubrir nuestras necesidades respetando nuestro entorno natural? ¿Necesitamos dinero para comer o aprender a comer? ¿Dinero para la salud o hábitos y entornos saludables? ¿Dinero para la educación o tiempo para que los padres nos hagamos cargo de la educación de los hijos? ¿Dinero para innovar o curiosidad para crear? ¿Dinero para importar tecnología o coraje para crear la propia? ¿Dinero para elecciones transparentes o políticos y funcionarios honestos? ¿Dinero para el gasto público o ciudadanos dispuestos al trabajo público voluntario? ¿De qué ingresos estamos hablando? ¿Cuál es el capital  más valioso: el  monetario o el valor humano; el patrimonial o la divisa ciudadana expresada en la confianza?

En suma, ¿De qué tipo de emprendedores necesita el país? ¿Como lo fueron Slim, Azcárraga, Salinas Pliego? ¿O emprendedores ciudadanos, que trabajen para reducir la desigualdad y las asimetrías sociales?

Éstos no se forman bajo las mismas reglas de juego con las que hemos formado a los“profesionistas NI-NI”, que no son capaces de colocarse en una empresa y no crean una empresa. Los “profesionistas NI-NI” configuran hoy una comunidad cada vez más poblada. Son “jóvenes” que rondan los treinta años de edad, entre cinco y diez años de haber egresado de la universidad y… ni estudian, ni trabajan. También existen los “NI-NI” puros (ver “La Generación Ni-Ni El País.com 22/06/2009), contingentes de adolescentes y jóvenes que abandonan o egresan de primaria y se “dedican” a no hacer nada. Son los que a futuro representarán el rezago educativo y el mayor dolor de cabeza para la sociedad.

Necesitamos ciudadanos con visión y compromiso

Necesitamos ciudadanos con visión y compromiso. ¿Qué? ¡Con eso no se come, ni se compra casa, vestido y auto! Es cierto, pero tampoco lo logramos con el modelo económico-social actual. Y lo que sí estamos logrando es matarnos: de hambre, de miedo y de tedio. Otros se están matando a balazos y todos nos estamos matando junto con el planeta, por el daño ecológico que nuestro estilo de producir y consumir ha generado.

Así es que no se trata de aplicar solamente conceptos como: benchmarking, emprendedurismo, competitividad, planeación estratégica u otros. Yo creo que necesitamos construir y aplicar nuevos conceptos que inspiren a los jóvenes a innovar, crear, transformar el mundo que nuestros ancestros y nosotros les estamos heredando. Que lo hagan con alegría, compromiso, sensibilidad e inteligencia.

Aún en el hipotético caso de que se repartieran por igual y que todos los ciudadanos de la aldea global tuviéramos acceso justo a los bienes: ni el dinero, ni el empleo, ni la riqueza, ni los alimentos, ni las medicinas, ni los recursos naturales alcanzarían para todos los seres humanos que habitan en el planeta, si mantenemos las mismas expectativas de consumo y hábitos de vida.

Tal vez el reto de las universidades sea formar emprendedores sociales justos, responsables y comprometidos. Emprendedores que hagan crecer al ser humano y no sólo a sus capitales. Será necesario que logren innovar sobre sistemas de convivencia entre personas, entre éstas y la naturaleza, sin que sigamos destruyéndonos entre todos. ¿Qué cómo puede lograrse eso?  Con el tesón, la buena voluntad, pensando en los demás, y como ya había mencionado, con el ejemplo. 
Por eso, además de extender en las universidades las ciencias duras, promover al infinito las ingenierías y atiborrarnos de tecnólogos que resuelvan los problemas prácticos inmediatos,necesitamos líderes que velen por el bien común, promotores que convenzan con su ejemplo sobre una nueva forma de vivir pacíficamente, en condiciones de igualdad y con respeto a la naturaleza, pero siempre en sociedad.




jueves, 10 de septiembre de 2009

El Sustituto

  • ¿Dónde quedó el contrato social? 
  • Encontrar un mejor sentido de vivir en sociedad
    Aguascalientes, MÉXICO, a 10 de septiembre del 2009 

    – ¿Tú crees que eso siga pasando?, preguntó mi esposa al terminar la película.
    Dejé de ver el reparto. Angelina Jolie encabezaba el elenco. Yo había revisado por la mañana el último número de Reporte Índigo (Edición del 4 de septiembre de 2009). Vinieron pronto a mi memoria los relatos de José Antonio Robledo, Lorencia Modesta Reyes y José de Jesús Esparza (La Realidad Tras el Telón, página 20). Los tres con familiares secuestrados y víctimas de la efectividad policial que todos los mexicanos construimos durante los últimos años.

    Emergió mi respuesta en forma instintiva:

     – Si la trama de la película (El Sustituto. Clint Eastwood. 2008) muestra una historia de la vida real, desarrollada en el siglo pasado, a finales de la década de los veinte y principios de los treinta, en los Ángeles, California, ¿qué debemos esperar hoy nosotros?
     – ¡Me estás devolviendo la pregunta!, replicó sin imaginar cuál había sido mi razonamiento.
     – Verás. En el contexto y época en que sucede la trama de la película, los Estados Unidos salían de la primera gran crisis del siglo pasado. Las policías locales libraban todavía batallas contra el contrabando y las mafias que operaban con la complicidad de algunas autoridades, en especial de los cuerpos policíacos. Las mujeres aún adolecían de la marginación y carecían de derechos plenos. Lo que sucede en la película fue en un contexto donde privaba aún el honor y la justicia, pues la enseñanza y los valores eran exaltados y no denostados como ocurre ahora. Y, sin embargo, sucedió. ¿Tú crees que la situación de México en estos momentos sea mejor o peor?
    – ¡Sigues evitándome!, dijo. Aún no me respondes. ¿Por qué no me contestas al grano y te quitas de tanto rodeo? Simplemente pregunté si tú crees que eso siga sucediendo.
     – Si dispones de diez minutos, la respuesta la podemos encontrar en Internet, y así no salir a la calle, que es en donde podemos conocer la verdad.
    Yo estaba consciente de que pasaba ya de las once de la noche y del riesgo que esto representaba
     – No, ya tengo sueño. Mejor dímelo tú.
     – Bueno, asentí y me dispuse a hurgar en mi memoria a corto plazo.
     Comencé por recordar las cifras reportadas por la Procuraduría General de la República, por conducto de la Subprocuraduría de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparos:
     - Del 1 de diciembre de 2000 al 23 de marzo de 2009, de los 265 mil 525 detenidos como presuntos delincuentes, se liberó a 207 mil 732. ¡Casi el 80%! Y finalmente fueron consignados únicamente el 13 por ciento (37 mil 92).
     Así es que continué como practicante de la mayéutica.
    - ¿Crees qué eso sea indicador de una policía efectiva y un sistema de justicia penal eficaz?
     Su silencio me hizo imaginar la respuesta. Luego proseguí:
     - La evolución del secuestro registra el siguiente comportamiento: en 1970, dos secuestros; en 1993, 574; en 1997, 797; y en 2009 1302. El promedio de secuestrados que fueron asesinados pasó de 0.46 en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez a 4.83 en el de Fox y a 6.06 en lo que va de la administración de Felipe Calderón.
     – Sí, entiendo, pero (ahora me devolvía una cucharada de mi propio chocolate) ¿Tú crees que la policía nos siga mintiendo igual que en la película? ¿Que a las mujeres nos sigan considerando irracionales y locas por preocuparnos y luchar por nuestros hijos? ¿Qué sigan asesinando mujeres y desapareciendo menores de edad? ¿Qué los policías eviten cumplir con su responsabilidad? ¿Qué las autoridades encubran a los responsables de los delitos en lugar de detenerlos y castigarlos? ¿Qué se haya incrementado la violencia contra los niños?....
     Al jalar aire para continuar, ella reparó en mi prolongado silencio. Estoy seguro que sus mil y una preguntas apenas comenzaban. Mi mayéutica se había instalado en mi esposa. Así que decidió rematar con la madre de todas sus preguntas:
    - ¿Dónde quedó el “contrato social” en el que se basa la convivencia de los pueblos y la confianza entre las personas?
     Ella intuía la respuesta. El escalofrío recorrió mi cuerpo. Así que dije:
    - Buenas noches
    Y mientras luchaba por conciliar el sueño fue que decidí escribir estas líneas. Algo o alguien ha instalado en nuestra época a “El Sustituto” del “contrato social”, sólo que a diferencia de la película de Eastwood, nosotros todavía no lo notamos. ¿Nos llegaremos a dar cuenta? ¿Dedicaremos el resto de nuestra vida a encontrar un mejor sentido para vivir en sociedad?