- El planteamiento actual parece no lograr avances
- Experiencias de otros países demuestran que se puede abatir
- Definir cuanto antes una línea de acción efectiva
Aguascalientes, MÉXICO, a 03 de febrero del 2010
Muchos hablan de combatir la pobreza en México y sin embargo el país lleva décadas en que los índices de pobreza aumentan o disminuyen cíclicamente, pero están lejos de desaparecer. Y ante eso caben muchas preguntas ¿Qué hemos hecho mal para que los esfuerzos y las altas inversiones en atender el problema hayan sido ineficaces? ¿No será que la actual manera de combatirla hace que los responsables se beneficien justamente de esa pobreza y tengan mayor interés en hacer de los pobres una causa o una bandera permanente?
Hay países que en menos tiempo del que lleva México empeñado en esa lucha, han conseguido resultados alentadores. Prueba de que es posible sacar de la situación de pobreza a los millones de habitantes que están en esa situación.
Ante ello, me pregunto si realmente hay la intención de combatir la pobreza, o si se trata de algo inevitable en México. Al repasar algunos de los grupos que se afectan por ella, o que se involucran en el combate a la pobreza, surgieron algunas ideas que pongo a la consideración de los lectores.
¿Qué tan interesados están los siguientes colectivos en el combate a la pobreza?
Los pobres. Posiblemente no. Así parecen ser felices, algunos al menos. Solo quieren que les sigan dando apoyos, compasión y tolerancia. Apoyos para derrocharlos injustamente, no para invertirlos; compasión para justificar su falta de carácter; y, tolerancia para justificar su faltas a la ley, a la moral y a la ética.
El Gobierno. Tampoco. Es su principal fuente de subsistencia y legitimidad. Solo quiere presupuesto para seguir distribuyendo favores y mantenerse en el poder. Disfruta de tener la sensación de ser rico y gastar derrochando la riqueza pública "en favor de los más necesitados".
Los ricos. Al parecer, tampoco. Para ellos no existen los pobres. Los consideran flojos, tontos, malos y hasta feos. Pero los necesitan. Son los que compran sus productos, hasta los mal hechos, innecesarios y caros. Son la principal fuente de su riqueza, pues mientras más pobres haya, más bajos sueldos se pueden pagar y más competitivos pueden ser para exportar sus productos de calidad. O sea, los pobres son quienes los hacen ricos.
Los partidos políticos. ¡Imposible! Si no prometieran ocuparse de la pobreza ¿Quién ofrecería dádivas a cambio de votos? ¿Quién creería en mentiras? ¿Quién asistiría a mítines, marchas, plantones y manifestaciones insulsas y amañadas?
Los intelectuales. Ni de chiste. Ellos no se ocupan de cosas terrenales. Los pobres son meros conceptos surgidos de la abstracción de los pensadores orgánicos al servicio del Estado para sobre-simplificar la explicación de la realidad. Los pobres y la pobreza son ideas aparentes cuyo origen hay que encontrar en relaciones más profundas. Tal vez invisibles o inexistentes, ya que hace siglos que se buscan y no ha sido posible encontrarlas.
Las iglesias. ¡Por Dios! Algunos clérigos pudieran pensar, equivocadamente por cierto, que el Cielo está lleno de pobres, pues será más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre al reino de los cielos, sin darse cuenta que esta rase se refiere al desprendimiento de los bienes materiales, pocos o muchos que una persona pueda tener, más que al hecho de tener esos bienes. Si desaparecieran los pobres ¿quiénes van a escuchar con tanto fervor los sermones? Si se terminara con los pobres, el Cielo estaría en la tierra y ese día aún no es anunciado por el Creador.
Las ONG. Solo les preocuparía a las que no se ocupan oficialmente de los pobres. Porque las que tiene por objeto combatir la pobreza o sus causas, ruegan que cada día haya más pobres y más recursos para su atención. Si no fuera así, desaparecerían como organización, pues ya no estarían en los medios y en la memoria de los hombres con buena conciencia. A las ONG que se ocupan del medio ambiente, la corrupción, la protección de animales o la violencia intrafamiliar no les importa la pobreza, pues si fuera así, ya hubieran cambiado de giro.
Los académicos. ¡Vaya usted a saber! Si no hubiera pobres, no tendrían de que hablar, enseñar o investigar. Tampoco podrían escribir al respecto ni señalar la injusticia que ellos ven, pero no la que ellos cometen.
Los estudiantes. Tal vez su preocupación sea más limpia, pero con la edad se les quita esa idea. Si es que alguna vez se cruzó por su mente.
Siendo así las cosas, parece ser que lo único que nos quedaría sería exclamar: ¡Bienvenida sea la pobreza! La pobreza espiritual e intelectual de muchos que tiene como consecuencia la pobreza material de muchos más. Regocijémonos en ellas. Ignoremos a la pobreza, ya que nos acompañará hoy y siempre. Y de esa manera seguiremos siendo, cada uno de los grupos, como somos ahora y siempre, por lo siglos de los siglos tendremos a la pobreza en México.
O… ¿Realmente piensa Usted que haya alguien interesado realmente en acabar con las causas de la pobreza y con la pobreza misma?
Ya sea que esté equivocado o en lo cierto, aprovechemos este año que es de elecciones locales, para decidir si hay algo que hacer, o lo mejor sea: ¡Hacer nada! La verdad es que existe más de un país que se decidió y logró superar las principales limitaciones que dan origen a la inequidad y desigualdad social. ¿Podremos hacerlo nosotros, los mexicanos?
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