jueves, 14 de enero de 2010

¿Por qué, por qué? ¡Por qué!

  • Saquemos a los ciudadanos del abstencionismo, responsabilizándolos
  • Los partidos, convencidos de que votamos por cualquier candidato que pongan
  • Aguascalientes tiene condiciones para ejercer un voto inteligente
Aguascalientes, MÉXICO, a 15 de enero del 2010

Después de escuchar algunos propósitos de la sociedad civil de Aguascalientes para este año de elecciones, surgen en mi mente algunas preguntas que me impiden ver lo mejor de tales intenciones. Con el propósito de despejar el camino hacia la evaluación de las propuestas de ciertas organizaciones no gubernamentales, planteo la reflexión en torno a tres interrogantes:
  1. ¿Por qué esperamos hasta que los partidos políticos seleccionen a sus candidatos para propiciar el diálogo entre los ciudadanos y los políticos?
  2. ¿Por qué hasta hoy los ciudadanos hemos sido ineficaces en la intención de estar representados en los congresos locales y en el Congreso de la Unión; sobre todo ahora que los partidos políticos se han alejado tanto del interés por el bien común de la población?
  3. ¿Por qué llamar a votar si los partidos, los políticos y los gobernantes decepcionan, el abstencionismo crece y la democracia participativa está lejos de ser un propósito compartido?
    ¿Por qué esperar hasta que haya candidatos para iniciar el diálogo?
    Respecto a la primera pregunta intuyo entre las justificaciones que podrían esgrimir las ONG está la de que un acercamiento previo entre sociedad civil y partidos políticos puede interpretarse como un intento de intervenir en la vida interna de los institutos políticos o como un interés oculto por favorecer a uno u otro candidato. Amén de interpretaciones que sugieran que "el que propone, quiere".
    Una observación personal sobre la falta de oportunidad en el diálogo entre la sociedad y los partidos es que aún prevalece una actitud reactiva y poco preventiva en la participación ciudadana, lo que se puede interpretar como un compromiso superfluo y un actuar poco efectivo para retirar de la política a los políticos irresponsables, inconscientes o corruptos.
    La hipótesis que está detrás de la primera pregunta es que si las ONG establecen un diálogo con los partidos políticos antes de que estos seleccionen a sus candidatos habría más posibilidades de romper el sinnúmero de círculos viciosos que se dan al interior de la vida política de nuestra sociedad y contribuir a terminar con la práctica poco benéfica de que los candidatos electos respondan únicamente a intereses partidistas muy alejados del interés común.
    Considero conveniente que seamos los ciudadanos independientes los que, sin simpatizar, pertenecer o militar en partido político alguno, manifestemos a estos el tipo de personas que esperamos nos representen; y que condicionemos nuestra participación en las elecciones a que los partidos reflejen nuestras exigencias en la postulación de candidatos. Supongo que un proceso de este tipo sacaría a varios de los electores del tan dañino abstencionismo.
    ¿Por qué los partidos se alejaron tanto del interés común?
    Con relación a la segunda interrogante, sobre el por qué de nuestra ineficacia para hacer que seamos dignamente representados por nuestros legisladores, me parece que una respuesta obvia la encontraríamos en  nuestra baja participación política y en las características del sistema de partidos que tenemos, sin dejar de lado la historia político-electoral de nuestro país durante su vida independiente, postrevolucionaria y de alternancia.
    Otra posible explicación la podemos encontrar en el hecho de que la negociación con los partidos políticos se hace desde agrupaciones sectoriales, esporádicamente territoriales, en vez de hacerlas desde posiciones ciudadanas que velen por el interés colectivo. Esto es, se privilegia la negociación con agrupaciones económicas (cámaras empresariales y las agrupaciones de éstas), gremiales (sindicatos), profesionales (colegios, barras, federaciones), de género (mujeres organizadas), movimientos (estudiantiles, ambientalistas,  etc.) y, desde luego, corrientes, grupos, tribus y facciones de los mismos partidos políticos.
    El supuesto que da lugar a la segunda pregunta es que un enfoque ciudadano o territorial propiciaría un mayor equilibrio de fuerzas y ayudaría a reducir la concentración del poder político que ha devenido en un poder al servicio de poderes fácticos que fortalecen los monopolios y debilitan la vida democrática del país y de los estados.
    Creo que en la medida que se impulsen candidatos ciudadanos desde los partidos políticos (en tanto se hacen las reformas legales necesarias para las candidaturas independientes) será más factible que se den los cambios estructurales que tanto esperamos con la alternancia política y que aún no han llegado.
    Por último, en lo que hace a la tercera de las cuestiones, que busca indagar sobre el por qué llamar a votar si no hay signos alentadores de cambio, nos podemos encontrar con las respuestas obvias que van desde el deber ciudadano consagrado en la Constitución hasta la apelación al sentido ético y de responsabilidad social. Aquí no faltaría el lugar común expresado en la frase hecha: "la política es algo tan importante como para dejarla en manos de los políticos".
    Pero lo cierto es que los partidos están convencidos que los votantes emiten su sufragio por cualquier candidato que éstos les pongan, puesto que los partidos cooptan, compran, sobornan, mienten, ilusionan y engañan. Y los candidatos, una vez electos, rara vez rinden cuentas bajo un formato que permita el diálogo, el debate, el análisis y la evaluación de lo prometido, programado y realizado.
    ¿Por qué votar por los partidos, si nos decepcionan constantemente?
    Detrás de la tercera y última pregunta está el supuesto de que podemos sacar del abstencionismo a un número importante de electores que se han mantenido al margen por no encontrar proyectos, programas, propuestas y candidatos interesantes y convincentes. Además, está la suposición de que podemos brincar de una democracia representativa a una participativa, si se da un salto cualitativo en la credibilidad de los candidatos.
    Desde luego que estoy consciente de que no se puede ir por todo a la vez, de ahí la propuesta de que comencemos por exigir a los partidos políticos a que postulen candidatos ciudadanos a los cabildos y al Congreso del estado, condicionando nuestro voto a sus candidatos a la gubernatura y presidencias municipales al cumplimiento de esta exigencia.
    En otros países se han logrado transiciones democráticas más rápido que en México; en Aguascalientes contamos con niveles educativos, concentración urbana y acceso a la comunicación como para lograr un cambio sustantivo en la vida política del estado, que nos lleve a mejores condiciones de vida, a elevar nuestro bienestar y lograr un mejor crecimiento económico. En nosotros está alcanzarlo. De nosotros depende elegir la mejor forma de conmemorar el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución.

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